Fin del trimestre, trabajos

Se acerca el fín de esta primera evaluación, los trabajos están entregados y es el momento donde debo convertirme en notario de lo que habéis hecho y de cómo lo habéis hecho en estos tres meses, es la parte más ingrata de este trabajo, pero creo firmemente que hay que intentar ser justos, no es cuestión de ser más o menos “perita”, si no de ser simplemente justos en la medida de mis posibilidades y de los datos que he ido recopilando en este tiempo, algunos no estáreis de acuerdo, otros si, pero no me cabe ninguna duda de que nadia se sorprenderá realmente.

En cuanto a los resultados permitidme ser el primero en felicitaros, en general el nivel ha subido y en particular algunas personas lo han bordado, enhorabuena.

Obras de Carmen L.

Obras de Cata R.

Obra de Clara I.B.

Obra de David N.

Obras de Juana L. (el mayor salto cualitativo hasta la fecha)

Obras de Marta J. (tus cualidades técnicas deben mejorar, pero por favor sigue con la misma curiosidad)

Obras de Nerea M. (“chapeau”)

Obra de Mª. Carmen B. (sigue así, tu voluntad se verá recompensada)

Obra de Sara R. (una de cal y una de arena ¿qué vamos a hacer contigo?).

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Ramón Masats, el parpadeo del instante

Hay, en mi opinión, y es simplificar mucho, dos razas de fotógrafos, a los primeros los reconoceréis por el ojo entrenado, siempre atento, son aquellos que miran la realidad con el gatillo dispuesto, siempre alerta, buscan sus imágenes en lo que les rodea y siempre la encuentran, hace falta reflejos rápidos y un sentido de la composición casi innato, son normalmente reporteros gráficos y se patean la calle con la cámara al hombro, son los dueños del instante, a nivel internacional quizás Cartier-Bresson sea el paradigma más conocido su obra basada en la teoría del instante . Marcó una época y una forma de trabajo.

Los segundos, son todos los demás ( 🙂 )

Pero no es necesario ir muy lejos para encontrar un autor con tanto talento como el maestro Bresson, se llama Ramón Masats, autor de piezas que se han convertido en iconos del imaginario colectivo.

Sus imágenes beben de una aparente casualidad, un ojo que ha demostrado que la realidad es un caleidoscopio infinito.

Pero no es solo el instante lo que atrae de la obra de este autor, premio nacional de fotografía, es su facilidad para la composición, su habilidad pasmosa para componer en milésimas de segundo y obtener imágenes que sabes son imposibles que se vuelvan a repetir, la esencia del momento decisivo, en su máxima expresión.

Su obra trasciende por que con independencia de la factura técnica (maravillosos grises, composiciones exquisitas, geometrías pasmosas) el poso de que algo acontece con toda naturalidad delante de nuestros ojos, algo que se nos hubiese escapado y sobre lo que este autor nos señala, nos indica con el dedo haciéndonos  testigos privilegiados de eso que llamamos vida,  imágenes que se nos clava en la retina, para hacernos recapacitar sobre el tiempo y la vida, los grandes ingredientes de la  fotografía.

Una obra que es de todo menos neutral y con el  sentido de la ironía de unos ojos entrenados en ver la vida.

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