La peregrinación o el viaje indispensable a Photoespaña (I)

Como todos los años las vacaciones traen dos agradables regalos, por un lado tiempo para lo personal, y por el otro la peregrinación siempre obligatoria, siempre necesaria a Photoespaña, solo dispongo de un día para ella y me concentro en lo que creo pueda interesarme, de modo que la selección es pura intuición, subjetividad e imposibilidad de más.

El AVE me deja temprano en la estación (el desayuno en oferta en el AVE no esta mal) y me dirijo directamente a la primera exposición Face Contact, en el Teatro Fernando Fernán Gómez, en la plaza de Colón, suelo empezar todos los años por aquí, siempre es una apuesta segura, como en otras ocasiones, la exposición es heterogénea y variada, hay cosas que me aburren y otras que me mueven el estómago, es buena señal si no me deja indiferente: Dulce Pinzón y su serie sobre superhéroes cotodianos, o los héroes proletarios me resulta simpática en su ingenuidad y falta de pretensiones:

Junto a estas obras  las piezas de Marta Soul, me resultan , curiosas no es la palabra, tanto en la forma como en en su sentido asistimos a una representación de una nueva clase social, privilegiada tanto en cuanto son amas de casa de paises en vias de desarrollo, la llamada clase media, mujeres con sus mejores galas enseñándonos sus casas y cuartos invitándonos a conocer su éxito, o su fracaso (todo es demasiado higiénico, silencioso y formal para llamarlo felicidad):

La obra de Nancy Burson, no por conocida, deja de impresionarme, la construcción de esos rostros conocidos pero nuevos, esas caras que no pertenecen a nadie y que sin embargo nos resultan tremendamente conocidas, ese binomio entre lo real y lo imaginado, entre lo que supeone de verosimil la fotografía y el engaño que sabemos que contemplamos  me encanta son solo tres piezas, pero que gozada.

Doblo la esquina, subo unas escaleras y una habitación negra y circular muestra unos monitores, son jóvenes (me hago viejo cuando reconozco en estas caras a gente joven), masturbándose  y sin embargo el espectáculo que podría ser procaz, y pornográfico esta construido desde el respeto, la delicadeza y la elegancia, si el arte actual se mide por la capacidad de conmovernos, esta obra lo consigue, si se mide por las reacciones que provoca esta obra lo consigue y si se mide por su belleza formal esta obra lo consigue, sentirte un voyeur forma parte de ser espectador y nunca es tan evidente como aquí, verguenza, timidez y lujuria se mezclan mientras ves a chicos y chicas mirándote a los ojos y olvidándose que estás ahí, un espectáculo íntimo que nos interroga acerca de esa línea que divide lo personal de lo colectivo, un espectáculo evidentemente no apto para todos los públicos, pero no por lo que muestra, sino por que será dado a malas interpretaciones, no nos parece mal mostrar una pieza de Photo Press World, y sin embargo ponemos objeciones a obras como esta de Lauren Olney & Richard Lawrence (cualquier representación estática no comunica lo que la pieza completa es capaz de transmitir)


Después, todo lo que viene me deja un poco indiferente, Libia Posada con sus evidencias clínicas, un tema mucho más serio y terrible, como el de los malos tratos se nos muestra desde la tradición de los clásicos, un trago agridulce donde la terrible belleza de la violencia, de sus estragos se engalana:

 

La poesía de Liliana Porter, la denuncia del colectivo MR, o las enormes piezas de Jarbas Lopes, consiguieron que buscase un banco para empezar a digerir la idea que este año proponía Photoespaña, el poliedro que supone el retrato:

Obras de Liliana Porter

Colectivo MR

pieza de Jarbas Lopes

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