Photoespaña 2 y se acabó el verano

Tenía intención de continuar escribiendo sobre Photoespaña y lo que ví, cuando he aquí que llegó el verano y me perdí ( y sin haberlo desado me ha salido un pareado, que a veces más que pareados son paridas, pero que más da).

Se acabó el verano, y ha empezado Septiembre y sus exámenes, y como todos los años con mar educativo de fondo, si van a cambiar las optativas, si van a bajar los sueldos, si van a subir las horas de trabajo, si van a marear la perdiz y a estropear un poquito más esto que antes se llamaba enseñanza y ahora llaman educación si van a… y frente a ello  oidos sordos por necesidades de supervivencia (Dios mio que buenos vasallos para tan malos señores), vuelvo al recuerdo del verano y a rememorar lo que fue este año Photoespaña, que para eso éste es un blog de fotografía, y frente a la vorágine de tantas exposiciones sobrevuela una en el museo arqueológico, los retratos de Fayum, que ya se usó de ejemplo en una entrada anterior.

Son cuadrosy no fotografías para que me entendais, imágenes a la encáustica (pintados a la cera) que sin embargo ( no olvidemos la deuda que tenemos con la pintura) son la quintaesencia de lo que debe ser un retrato, detener el tiempo, conseguir la intemporalidad, imágenes que singularizan el pasado, dan rostros a textos de la historia, rostros a personas que conforman los verdaderos hilos de la historia, los individuos.

Con estas imágenes me pasa como cuando veo una casa en ruinas, no puedo evitar pensar quién vivió en ella, quién y por qué la construyó allí, que historias vieron esas cuatro paredes, y lo mismo con estas caras que me miran desde el pasado, quienes fueron, qué fué de sus vidas, cómo vivieron, cómo murieron, en definitiva consiguen que la emoción se instalé en mi estómago y eso es mucho más de lo que consiguen muchas obras de las que algunos consideran de arte.

La peregrinación o el viaje indispensable a Photoespaña (I)

Como todos los años las vacaciones traen dos agradables regalos, por un lado tiempo para lo personal, y por el otro la peregrinación siempre obligatoria, siempre necesaria a Photoespaña, solo dispongo de un día para ella y me concentro en lo que creo pueda interesarme, de modo que la selección es pura intuición, subjetividad e imposibilidad de más.

El AVE me deja temprano en la estación (el desayuno en oferta en el AVE no esta mal) y me dirijo directamente a la primera exposición Face Contact, en el Teatro Fernando Fernán Gómez, en la plaza de Colón, suelo empezar todos los años por aquí, siempre es una apuesta segura, como en otras ocasiones, la exposición es heterogénea y variada, hay cosas que me aburren y otras que me mueven el estómago, es buena señal si no me deja indiferente: Dulce Pinzón y su serie sobre superhéroes cotodianos, o los héroes proletarios me resulta simpática en su ingenuidad y falta de pretensiones:

Junto a estas obras  las piezas de Marta Soul, me resultan , curiosas no es la palabra, tanto en la forma como en en su sentido asistimos a una representación de una nueva clase social, privilegiada tanto en cuanto son amas de casa de paises en vias de desarrollo, la llamada clase media, mujeres con sus mejores galas enseñándonos sus casas y cuartos invitándonos a conocer su éxito, o su fracaso (todo es demasiado higiénico, silencioso y formal para llamarlo felicidad):

La obra de Nancy Burson, no por conocida, deja de impresionarme, la construcción de esos rostros conocidos pero nuevos, esas caras que no pertenecen a nadie y que sin embargo nos resultan tremendamente conocidas, ese binomio entre lo real y lo imaginado, entre lo que supeone de verosimil la fotografía y el engaño que sabemos que contemplamos  me encanta son solo tres piezas, pero que gozada.

Doblo la esquina, subo unas escaleras y una habitación negra y circular muestra unos monitores, son jóvenes (me hago viejo cuando reconozco en estas caras a gente joven), masturbándose  y sin embargo el espectáculo que podría ser procaz, y pornográfico esta construido desde el respeto, la delicadeza y la elegancia, si el arte actual se mide por la capacidad de conmovernos, esta obra lo consigue, si se mide por las reacciones que provoca esta obra lo consigue y si se mide por su belleza formal esta obra lo consigue, sentirte un voyeur forma parte de ser espectador y nunca es tan evidente como aquí, verguenza, timidez y lujuria se mezclan mientras ves a chicos y chicas mirándote a los ojos y olvidándose que estás ahí, un espectáculo íntimo que nos interroga acerca de esa línea que divide lo personal de lo colectivo, un espectáculo evidentemente no apto para todos los públicos, pero no por lo que muestra, sino por que será dado a malas interpretaciones, no nos parece mal mostrar una pieza de Photo Press World, y sin embargo ponemos objeciones a obras como esta de Lauren Olney & Richard Lawrence (cualquier representación estática no comunica lo que la pieza completa es capaz de transmitir)


Después, todo lo que viene me deja un poco indiferente, Libia Posada con sus evidencias clínicas, un tema mucho más serio y terrible, como el de los malos tratos se nos muestra desde la tradición de los clásicos, un trago agridulce donde la terrible belleza de la violencia, de sus estragos se engalana:

 

La poesía de Liliana Porter, la denuncia del colectivo MR, o las enormes piezas de Jarbas Lopes, consiguieron que buscase un banco para empezar a digerir la idea que este año proponía Photoespaña, el poliedro que supone el retrato:

Obras de Liliana Porter

Colectivo MR

pieza de Jarbas Lopes

Se acabó el curso, empezó PhotoEspaña(I)

Final de curso, ajetreado como todos los años, aunque quizás este año peor, por aquello de la bajada de salarios, y por que a estas alturas no sabemos qué nos encontraremos a la vuelta en Septiembre, tal es el desbarajuste por aquí en el Sur, donde muy buen tiempo pero en materia de palnificación educativa una mierd..

Para bajar el malestar, los sinsabores, y la impotencia de trabajar bajo las ordenes de unos miopes impresentables, me he ido a Madrid,a ver PhotoEspaña, un encuentro que ya dura unos añitos y que viene a paliar un poco la sed que a estas alturas del año casi me consume, un encuentro para cargar pilas, mirar, observar y recapacitar sobre la fotografía, un encuentro que año tras año recomiendo (a estas alturas, y teniendo claro que hoy casi cualquiera dice ser artista).

Un lugar al que me acerco siempre con buena disposición y resuelto a descubrir cosas que me emocionen.

La visita empezó en el centro cultural de la villa, junto a Teatro Fernán Gómez, donde en años anteriores había disfrutado de exposiciones como la del Neorrealismo:

o la de W. Eugene Smith:

Este año el título era “Entretiempos: instantes, intervalos, duraciones” y el leit motiv de la exposición era el tratamiento del tiempo, sobre el papel todo era interesante, en la realidad salí con sabor agridulce, en cualquier caso me fascinó como algunos autores convierten el tiempo en poesía como  la obra de Michael Wesely, por su factura técnica, exposiciones de meses o incluso años de duración:

o la, del ya mencionado en este blog, Hiroshi Sugimoto

Frente a ellos la obra de Daniel Blaufuks destilaba silencio al tiempo que convertía algo terrible como los campos de concentración en lírica, el tiempo como bálsamo:

o el video de David Claerbout, la elegancia de un travelling, la magia del movimiento en una casi fotografía.

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