Acerca de la luz y el tiempo,reflexiones de una tarde de Otoño

Será que es Jueves, y estoy muy cansado, o que el otoño no termina de aterrizar pero estaba yo pensando, que no deja de ser curioso que para que una fotografía salga correctamente expuesta (y entendemos por ello un nivel aceptablemente alto de negros, grises y blancos) es necesario una concordancia entre luz y tiempo. Más allá de que originariamente las primeras fotografías necesitasen ingentes cantidades de luz, e ingentes cantidades de tiempo (horas), y que la evolución técnica abreviase definitivamente estas necesidades hasta extremos inimaginables, pensaba que es curioso que en nuestro devenir diario hayamos seguido esta misma senda de la aceleración y la premura.

Y al mismo tiempo no deja de resultar paradójico, como la propia fotografía, y gracias también a esa evolución técnica, ha podido frenar en seco, detener el movimiento perenne y mostrarnos una realidad, ¡que no es real! más que la duración del parpadeo de un ojo, mostrándonos un discurso discontinuo, una apariencia que es tan real como irreal , una fractura en el continuo tiempo como diría mi profesor de regreso al futuro .

Simultáneamente un simple acto de voluntad, bajar la cadencia o velocidad de obturación de nuestra cámara y la vida se nos vuelve confusa, etérea hasta llegar a desaparecer. El movimiento y por tanto la vida ya no son instantáneas que vemos al otro lado del visor.

Si aceleramos, detenemos un mundo más real que la propia realidad, si desaceleramos, la vida se nos escapa.

Una paradoja, triste y bella para una tarde de un otoño que no llega. Y una reflexión que tendreis que hacer, y para muestra un botón: Sugimoto, el etéreo Sugimoto

 

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El tiempo, Hiroshi Sugimoto

Tiempo y silencio son los calificativos que con mayor frecuencia jalonan la obra de este autor japonés. En sus diferentes series  (riguroso blanco y negro) el tiempo es consustancial a su obra, la carácterística fundamental de la fotografía, la instantánea, la detención del tiempo es burlada y sustituida por exposiciones muy largas, de horas en algunos casos, provocando la desaparición de todo signo de vida, la eliminación del instante supone la metáfora de la eliminación del ser humano. En su serie Theaters, la exposición tiene el tiempo que dura la proyección de la película, el resultado:

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Imágenes cargadas de silencio, metáfora del ser humano, y de como el tiempo nos devora.

En sus series Dioramas y Museo de Cera, el juego entre realidad y su representación da otra vuelta de tuerca, los personajes representados son ya en sí una representación, no son reales y sin embargo se nos vueleven a hacer tangibles, vivos, la fotografía revive a los que ya no están:

 

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Uno de los autores que sitúa a la fotografía como arte con mayúsculas

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