A modo de divagación

Ojeando diferentes fotos para la clase me paro en ésta, tomada por Daguerre y que pasa por ser el primer retrato de la historia, la primera fotografía de un ser humano, calle de Paris del año 1839, la vida está como siempre en la calle, fuera de nuestras ventanas, todo es vida y por tanto todo es movimiento, el inicio de un tiempo que se vislumbra viene con prisas, el inicio de una época donde el movimiento y el “progreso” marcarán un tiempo y un “tempo” al que seguirán otros cada vez más rápidos.

Y he aquí que en mitad del bullicio un hombre se detiene para que le limpien los zapatos, un gesto fortuito que le otorgará la inmortalidad, por que si de algo trata la fotografía es del tiempo y su terrible (y hermoso) acto de detenerlo, treinta minutos y la casualidad, otros pasaron y no se detuvieros, otros desaparecieron tragados por las arenas del tiempo, y el gesto de un dandy le otorgó el preciado regalo, pudo haberse detenido unos metros antes, o pensar que llevaba los zapatos limpios a su cita, o tal vez se levantó diez minutos antes para poder pasear con un poco de tranquilidad, pero lo cierto es que se detuvo allí, en aquel instante y esperó allí los treinta minutos, y se marchó sin saber, tal vez, que su destino le había hecho un hermoso regalo.

Una calle de Paris, como dice la canción, y un solo habitante sin prisas, decía mi madre que las prisas no son buenas, y es que hay dias en que mis desvarios me llevan por estos derroteros.

 

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